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[Spanish] Como el perro del hortelano

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Offline NightCat

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[Spanish] Como el perro del hortelano
« on: March 05, 2022, 08:32:03 PM »
Vuelvo al foro con una historia que tiene una pincelada de humor. Espero que os guste.

COMO EL PERRO DEL HORTELANO

Luis llevaba solo y aburrido tres cuartos de hora en un balneario que, reconocía, era precioso. Estaba sentado en un poyo de azulejos que ocupaba toda la pared de la sala de reposo. Cuando llegó a la sala había dos mujeres jóvenes que se marcharon al poco de llegar él, cosa que no le extrañó. Luis era bajito y tenía barriga: justo lo que ninguna mujer quería.

Una mujer alta, envuelta en una toalla, entró en el recinto, lo miró con una sonrisa y cruzó la sala. Era joven, de cabello negro y largo y la piel un poco tostada. Y, como no podía ser de otra forma, guapísima. Otra más que no le iba a hacer caso nunca. Cuando la joven le dio la espalda, camino de la otra puerta de la sala de reposo, se atormentó a sí mismo pensando en qué le pasaría si se le caía la toalla. Aquel era un balneario naturista y tanto hombres como mujeres llevaban solo la pieza inferior del bañador.

Cuatro minutos después, Luis abrió mucho los ojos. La muchacha morena entró de nuevo y se le acercó. Se había quitado la toalla y lucía un cuerpo espectacular, vestida solo con una braguita anudada de color rojo. Luis miró hacia atrás un instante y se puso de pie cuando resultó evidente que estaba él solo en la sala de descanso y que la joven le sonreía a él.

Se detuvo frente a él y Luis se esforzó por levantar la vista hacia sus ojos, pero la mirada se le iba hacia sus pechos. Debía de medir unos cinco centímetros más que él, cuya estatura era de 1,70.

—Te veo muy solo. ¿Quieres compañía?

La muchacha sonrió y Luis se pegó a la pared, temblando, con los ojos aún más abiertos. Aquella chica tenía colmillos. Al advertir su reacción, la mujer suspiró frustrada.

—Siempre me olvido. La artesana que me hizo este cuerpo me decía que no merecía la pena eliminar los colmillos, que eran fáciles de ocultar y me saldría caro. No tenía que haberle hecho caso.

Luis se escabulló despacio, mientras la mujer hablaba, pero la chica morena lo agarró de un brazo, lo pegó a la pared y lo hizo sentarse.

—Primero, deja que te haga la propuesta. Si no te gusta, dejaré que corras.

Al estar sentado, tenía a la altura de los ojos los pechos perfectos de la mujer. Se tuvo que esforzar de nuevo para mirarla a los ojos.

—Te lo diré claro: nadie te iba a creer. Soy una súcubo y quiero acostarme contigo.

—¿Conmigo?

—Sí, ¿qué pasa? ¿No te gusto?

—Nnnn… no… no es eso. No soy alto, tengo tripa… ¿por qué conmigo?

—Para mí eres perfecto. Me basta con que me dejes embarazada. Cualquier hombre me sirve.

Luis empezó a sudar. Nunca había tenido pareja y jamás había tenido cerca a una mujer tan espectacular como aquella. La súcubo, de pronto, se rio.

—Tú no ligas mucho, ¿verdad?

Luis negó en silencio.

—No tengo prisa. Vives solo, ¿me equivoco? —Luis asintió—. Llévame a tu casa y viviré contigo un tiempo. Te enseñaré todo lo que necesites sobre el sexo y no haremos nada hasta que estés preparado. ¿Trato hecho?

Alzó la vista de nuevo hasta los ojos negros de la súcubo, tras haberle echado otra mirada a sus pechos. La mujer se inclinó un poco, le tomó una mano y se la puso en el pecho izquierdo.

—¿No me deseas? ¿No quieres hacer el amor conmigo una y otra vez? Aunque me dejes embarazada pronto, puedo quedarme contigo un tiempo más y agradecértelo con más sexo.

Hizo una mueca de tristeza y súplica, bastante fingidas, pero efectivas. Luis se animó a apretarle un poco el pecho. Notó que se empezaba a endurecer el miembro e iba a decirle que sí cuando alguien abrió la puerta de la estancia y gritó de indignación.

—¡Apártate de ese pobre hombre, demonio!

Había dicho aquello una mujer rubia tan espectacular como la súcubo, que la miraba con odio envuelta en una toalla azul.

—Qué cargantes sois las cazadoras de súcubos —dijo la chica morena mientras se apartaba de Luis, que se sintió apenado al tener que soltar a la joven—. ¿Por qué no puedes dejar que este infeliz disfrute un poco?

—No dejaré que concibas a más monstruos ni que engañes a más infelices. ¡Ríndete o te devolveré al infierno por las malas!

Luis se puso en pie. Quería pronunciar un discurso firme, pero el tono fue el de un auténtico infeliz.

—Señora cazadora, ¿no puede dejar la pelea para después de…?

La súcubo giró la cabeza para mirarlo con una sonrisa. La cazadora de demonios lo miró con el rostro descompuesto por la rabia.

—¡Así me gusta! —dijo la súcubo.

—¡Cállate, desgraciado! ¿Cómo podéis los hombres caer rendidos a los encantos del mal con tanta facilidad?

Podían caer porque aquel demonio tenía unos pechos, una cara y un cuerpo espectaculares, estuvo a punto de responder Luis. La súcubo se desplazó hacia un lado, alejándose de Luis y encarada con la cazadora. La amenazó un par de veces con los colmillos.

—Evitemos esto —dijo la súcubo—. No volveré al infierno sin una hija. ¿Qué te cuesta hacer la vista gorda?

—Tú lo has querido, engendro.

Luis se sentó de puro estupor cuando la chica rubia se quitó la toalla y dejó a la vista un cuerpo tan espectacular como el de la súcubo. Solo vestía una braguita anudada de color blanco. Se aproximaron la una a la otra despacio, preparadas para luchar. Tenían prácticamente la misma altura y la misma corpulencia. De pronto, ambas lo miraron y lo señalaron con un dedo.

—¡Ni se te ocurra moverte! —dijeron a la vez.

Se estudiaron la una a la otra unos instantes más y la súcubo le enseñó de nuevo los colmillos a la rubia y cargó. La humana retrocedió y la detuvo dándole una patada frontal en un muslo. Tras un grito de dolor, la súcubo avanzó lanzándole puñetazos al rostro que su rival esquivó y recibió una patada en el vientre que la hizo caer hacia atrás con un gemido y quedar sentada.

La cazadora de demonios intentó patear a su enemiga, pero esta lanzó tortazos desesperados e hizo gritar a la rubia cuando le dejó marcas rojas de dedos en el muslo. La súcubo logró ponerse en pie, un poco agachada, pero la rubia la emprendió a patadas con ella. La súcubo logró parar una patada dirigida al pecho, pero recibió otra bien fuerte en el costado derecho que, por la forma en que se dobló, le hizo bastante daño.

La rubia se ensañó con el muslo derecho de la súcubo, dándole patadas sin parar mientras retrocedía para evitar los intentos de agarre de su enemiga. Esta logró acercarla a una pared y agarrarla de los brazos. La súcubo intentó morderle un hombro, pero la rubia liberó los brazos, detuvo el avance tirándole del pelo a su enemiga y la hizo gemir con un rodillazo en el vientre. La súcubo se arqueó y recibió dos rodillazos más antes de que la rubia tirara de ella y la hiciera quedar a cuatro patas, detrás de la cazadora.

Parecía que la lucha estaba decidida. La cazadora de demonios se echó sobre la súcubo y le rodeó el cuello. La hizo quedar con la cabeza muy cerca del suelo gracias a su peso, pero la súcubo había podido mantener los brazos encogidos debajo del cuerpo y fue capaz de quedar de costado.

Las dos mujeres intentaban inmovilizarse la piernas. La rubia mantenía el antebrazo presionándole el cuello a la súcubo y esta había agarrado el cabello de la humana y le daba tirones con todas sus fuerzas. Luis las miraba embelesado. La súcubo estaba frente a él, con la rubia a la espalda.

De alguna forma, la súcubo logró girarse y acercar los colmillos al brazo de la rubia, que soltó su presa para evitar el mordisco y se vio de espaldas en el suelo, con la súcubo encima de ella. La pelea se volvió muy complicada para la cazadora de demonios. Logró evitar a duras penas, atrapándole un muslo a la súcubo con los suyos, que el demonio se le sentara en el vientre. Tenía los antebrazos cruzados ante sí, apoyados en el cuello y los hombros de la diablesa que, con la boca abierta, le acercaba los colmillos poco a poco.

Sucedió lo inevitable. La súcubo, que tenía las manos libres, le tapó la nariz y la boca con ambas manos y, por unos momentos, pareció que la rubia estaba perdida. La cazadora abrió los ojos y se retorció unos momentos intentando respirar. Al fin, la rubia sacó el brazo derecho de debajo de la súcubo, que acercaba cada vez más los colmillos a su oponente, y le descargó un puñetazo muy fuerte en el costado.

La súcubo gritó al recibir el golpe y liberó a la cazadora al recibir dos puñetazos más. La rubia se la quitó de encima y la dejó boca arriba, pero no intentó inmovilizarla. Luis no lo entendió al principio: la cazadora se incorporó y se alejó de la súcubo quien, encogida, se puso en pie. Luego se dio cuenta de que a la cazadora de demonios no le interesaba pelear en el suelo, sino usar su mayor habilidad en patadas y puñetazos. Se abalanzó sobre la súcubo y volvió a ensañarse con su muslo, a base de patadas frontales y laterales. La diablesa avanzó alargando los brazos y recibió una patada terrible en el mismo costado que ya tenía destrozado por los puñetazos. Dio un grito y cayó arrodillada. Se quedó encogida y jadeando mientras la rubia aprovechó para recuperar el aliento. Luis, que aún no sabía por quien tomar partido, sintió lástima por la súcubo a la que no le veía ninguna oportunidad de victoria.

La súcubo, de alguna forma, logró ponerse en pie y con un grito cargó contra su rival. Estaba tan debilitada que la cazadora la esquivó con facilidad, la agarró del cuello con un brazo y pegó el rostro a la cabeza de su rival, para evitar que le metiera los dedos en los ojos o le diera un cabezazo. Luis tenía en frente a la diablesa, que trataba de liberarse el cuello con una mano e intentaba soltar el otro brazo, que la rubia le tenía atrapado por la muñeca.

La rubia soltó la muñeca de su rival para ponérsela en el vientre y aguantó sin aflojar su presa el tirón de pelo que le dio la diablesa. La cazadora palpó el abdomen de su enemiga un par de veces, hasta que le localizó el ombligo con el pulgar y le puso la mano en la parte baja, cerca de la braguita. En un instante le dio dos arañazos que dibujaron una cruz rojiza en el vientre de la súcubo.

Luis se quedó estupefacto. Habían sido un par de rasguños, pero la súcubo gritó aún más que cuando recibió los tres puñetazos que la derrotaron. Los arañazos empezaron a emitir una luz blanca intensa y la rubia soltó a su enemiga y se alejó.

La súcubo se intentó tapar la cruz, pero el resplandor blanco se le colaba entre los dedos y le atravesaba las manos. La diablesa lloraba y temblaba.

—Para conseguir… —dijo entre lágrimas la súcubo— este cuerpo tuve… pedí un préstamo. Estoy arruinada. ¿Qué te costaba dejarme… tranquila? Solo quería ser madre.

—No os dejaremos pervertir a nuestros hombres. ¡Vuelve al infierno, bestia!

—Pero si a ellos no les importa —dijo la diablesa antes de verse envuelta por completo en el resplandor blanquecino.

Luis contempló, paralizado, como la figura de la súcubo desapareció en el resplandor blanco, que se hizo más intenso que nunca y, un instante después, perdió brillo poco a poco hasta desaparecer. Lo único que quedó de la bellísima súcubo fueron unas pocas cenizas.

La cazadora, vuelta hacia él, alzó los brazos para arreglarse el pelo. El espectáculo de contemplar su cuerpo impresionante en todo su esplendor no logró sacar a Luis de su estupor y su angustia por lo que acababa de presenciar. Se puso en pie, mirando a la cazadora.

—Siento que hayas tenido que verlo —dijo la cazadora, que respiró hondo un par de veces mientras se le acercaba y se mostraba cansada—, pero si intentaba sacarte, el monstruo se habría escapado o me habría mordido.

—Pero… pero… la has matado.

La rubia se detuvo a un metro de Luis. Tenía unos ojos azules impresionantes y el rostro de un ángel. Le sonrió.

—¡Qué va! Solo la he devuelto al infierno. Ni nosotras matamos a las súcubos ni ellas nos matarían. Son demonios de la vida: detestan matar. Si te muerden, lo único que pasa es que te inyectan un somnífero y te pasas un día entero durmiendo. Ya me lo han hecho tres veces.

La mujer tenía las mejillas un poco coloradas. Suspiró y volvió a mirarlo.

—No te imaginas de lo qué te he librado. Ese monstruo te habría obligado a tener sexo con ella todos los días hasta que la dejaras embarazada. Podría haberte tenido así tres o cuatro meses… horrible.

Después de la pelea que había afrontado la mujer, prefirió no decirle nada, pero Luis tuvo que reprimir las lágrimas al pensar en que se había perdido cuatro meses de acostarse a diario con una mujer tan espectacular como la rubia que tenía delante. ¿Cómo podía tener tan mala suerte?

A la mujer se le encendieron más las mejillas y jadeó un par de veces mientras no apartaba la mirada de los ojos de Luis. De pronto, le puso los brazos sobre los hombros y lo besó en los labios. Se besaron con ganas hasta que la rubia lo apretó contra el cuerpo y le pegó una mejilla a la de él. Luis le rodeaba la cintura con los brazos y notaba los latidos del corazón de la mujer.

—No se lo digas a nadie —dijo la rubia—. Cuando derroto a una súcubo me excito muchísimo. Pero no sigamos aquí, que no somos animales. ¿Vives cerca?

—Sí.

—Ahora voy a ducharme y a descansar un poco. Memoriza mi móvil. Cuando estés en casa, mándame la ubicación.

La rubia le repitió su número  de móvil tres veces, las que necesitó Luis para memorizarlo. Cuando él se lo repitió sin dudar ni un solo número, volvió a besarlo con ganas y se despidió. Luis la contempló mientras se alejaba.

—¿Pido algo de comer? —dijo Luis, deseoso de que no se marchara aún.

—Me encanta la pizza, cuatro estaciones —respondió la rubia, que se había vuelto para responderle y lo cautivó con un guiño.

*

Luis nunca había tardado tan poco en ir del balneario a su casa. Lo primero que hizo fue enviarle la ubicación al número de móvil de la chica.  Pasó una hora entera ordenando lo mejor que pudo su piso de soltero y buscó en internet cuál de las pizzerias más cercanas tenía servicio a domicilio y preparaba las mejores pizzas cuatro estaciones. Esperó otra hora más, impaciente, a que respondiera la chica. Cuando el móvil sonó para indicarle que había recibido un nuevo mensaje, casi se cae al ir a leerlo. Y, cuando lo leyó, se quedó con la boca abierta.

“Lo siento. Me olvidé. Encontré a un tipo alto y musculoso al salir de la ducha y voy a pasar la noche con él. Espero que no hayas pedido la pizza. Besos!”

Luis pasó de la decepción, de que se le humedecieran los ojos por el disgusto, a la rabia en un instante. Tenía que haberse limitado a bloquear el número de la cazadora, pero no pudo aguantarse y le envió un mensaje:

“Eres como el perro del hortelano, que ni comes ni comer dejas.”

La cazadora no tardó ni medio minuto en responder.

“Eso a qué viene? Qué significa eso? Eres un desagradecido”

Luis bloqueó el número y tiró el móvil en la cama. Reprimió las ganas de ponerse a romper cosas dando paseos por el salón. Al final, se sentó al ordenador y cerró todas las páginas de pizzerías que tenía abiertas. Buscó una web de anuncios clasificados y empezó a redactar uno:

“Se busca súcubo. Interesadas, llamad a…”

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Offline Dario

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Re: [Spanish] Como el perro del hortelano
« Reply #1 on: March 09, 2022, 07:13:15 PM »
Me ha gustado mucho, enhorabuena.
Excitante pelea y descripción de las chicas con ese toque también de ciencia ficción, estupenda.
Si algún día quieres escribir historias para cambiarlas estaré encantado de colaborar.
Muchas gracias.
ruththebest20012002@yahoo.com

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Offline C.M.

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Re: [Spanish] Como el perro del hortelano
« Reply #2 on: March 17, 2022, 12:56:07 PM »
Un montón de lecturas y sólo un comentario,  que marrón,  por eso no se anima la gente a poner más relatos, ufff.

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Offline rogueneitor

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Re: [Spanish] Como el perro del hortelano
« Reply #3 on: March 18, 2022, 05:52:43 PM »
Una pregunta, si dos súcubos rivales se tuviesen que enfrentar para quedar embarazadas del mismo hombre, ¿buscarían dejar a la rival dormida o intentarían destrozarse mutuamente?

One question, if two rival succubus had a fight for end pregnant of the same man, will they want make sleep her opponent or destroy the opponent?

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Offline Sucheplus

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Re: [Spanish] Como el perro del hortelano
« Reply #4 on: March 18, 2022, 06:00:25 PM »
I think the story is amazing!! It's a different kind of background.
I find it extremely well told and structured.. would like to read more..
I love catfight, sexfight and domination stories. F/f, m/m or cl / cl. Harder, too.
Loser get fuckt..

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Offline NightCat

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Re: [Spanish] Como el perro del hortelano
« Reply #5 on: May 10, 2022, 12:36:16 AM »
Buenas noches

   Gracias a todos por haberla leído. He estado apartado del foro por cuestiones personales, que se van resolviendo, así que por eso he tardado tanto en responder. No son cosas graves, pero muy molestas y que quitan tiempo.

   Dario. Gracias. Te he enviado email.

   C.M. Gracias. Se agradecen los comentarios :)

   Rogueneitor. Buena pregunta. Las súcubos son demonios de la vida, como dice la cazadora de mi relato. Además, entre sí, suelen respetarse y compiten sin hacerse demasiado daño. A fin de cuentas, son de la misma especie. Un duelo entre dos súcubos sería más del estilo de dejar a la rival dormida que de destrozarla.

   Lo bueno de las súcubos es que, muy probablemente, se enfrentarían desnudas delante del hombre con el que compiten, para que la ganadora reciba su premio (el hombre con el que se va a acostar) bien "calentito" (ya me entiendes :D ).

   Sucheplus. Thank you for reading and commenting. I will post more stories. I don't know when, but I will do.

   Gracias a todos.

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Offline Dario

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Re: [Spanish] Como el perro del hortelano
« Reply #6 on: May 11, 2022, 09:19:44 AM »
No he recibido nada, compañero. Ningún mail.
ruththebest20012002@yahoo.com